Wednesday, July 15, 2009

Piruetas 2009 o "un susto del carajo en el área VIP"

Hay que concederles a los organizadores del pseudo show aéreo el hecho de que si consiguieron darle a uno el susto del milenio.

Voy a describir lo sucedido como lo percibí desde el área VIP donde me encontraba. Trataré de ser lo más objetivo posible, y me voy a circunscribir a lo acontecido a partir de las 2:52PM únicamente.

Al terminar el brevísimo acto del Rocketman (es que ese aparato sólo permite vuelos de 30 ~ 45 segundos) regresaron los dos helicópteros a control remoto, seguidos por un avión a reacción. Ya se veía venir el aguacero.

A mí me preocupaba el frente del chubasco, que prometía traer mucha brisa. Al acercarse regresé a la carpa nuestra, que se encontraba justo detrás de la carpa de los aviones. Al encontrarme con mi esposa a hijo, coincidimos en que estar en la parte delantera de la carpa no era sensato (luego me di cuenta de que mientras a mi me preocupaba el agua, a ella –estando involucrada en organización de eventos- le preocupaba la integridad de las mismas.

Comenzamos a movernos cuando golpeó la brisa. Me viré y vi a varios jóvenes encaramados en una columna de la carpa delantera mientras el viento levantaba toda la parte trasera de esta carpa más tres pies en el aire. Le dije a mi mujer “vámonos” y comenzamos a dirigirnos al descampado, a paso cada vez más acelerado...
Miré hacia la carpa cuando veo que los muchachos que estaban en la columna salen disparados (o se caen) y justo en ese momento la lona superior se rompe. En ese momento, siento un ruido y miro instintivamente hacia arriba y veo parte de la estructura de la carpa en la que estábamos pasar muy alto sobre mi... entonces oí lo que no quisiera volver a oír en mi vida, a mi esposa gritando “¡MI HIJO! ¡MI HIJO ESTÁ HERIDO!”. Me volteo y veo a mi hijo en el suelo y los restos de la carpa terminando de caer delante de él.

No voy ni a intentar describir ese momento.

Salí corriendo hacia él y lo ayudé a incorporarse, preguntándole si estaba bien y revisándolo por completo. Decidimos que ahí no nos podíamos quedar, y salimos, casi corriendo, sin rumbo... en eso dos soldados de la FAD, sin pedírselos cargaron a mi hijo y salieron corriendo con él... eso me dio tiempo para organizar mis ideas, y les grité “guardias al hangar”, y hacia allá fuimos. Allí revisé a Daniel e intenté tranquilizar a mi esposa, quien estaba comprensiblemente muy nerviosa. Al terminar de revisar a Daniel, y no encontrarle nada malo, hablamos mi esposa y yo, y ella me dijo que teníamos que llevarlo a la Clínica Abreu (nuestra clínica de confianza), y me congelé. No supe que hacer. Mi mente se puso en blanco. Y justo antes de entrar en pánico, pude ver a mi hermano y pude reaccionar. Hablé con mi hermano y le dije que queríamos llevar a Daniel rápido al médico, pero que no me atrevía a salir de ahí sin que alguien lo viera primero. Me agaché y le pedí a Daniel que se mantuviera tranquilo para no asustar a su mamá. El me indicó que fuera hacia las ambulancias, y así lo hicimos, llevando a Daniel con nosotros, por supuesto.

Al llegar allí vi a un señor de civil a quien le pregunté “¿es médico?” cuando me dijo que sí le comenté lo que había sucedido, que quería que alguien lo viera rápidamente antes de partir hacia una clínica. Su respuesta –casi una orden- me agarró por completa sorpresa: “muy bien, súbanlo a la ambulancia”... Se me revolteó el loco. Me subí y le dije “¿cómo así? Es mi hijo coño, usted no me dice que hacer” ... ahí me robó los chelitos, cuando con tono calmado, pero muy firme me dijo “y yo soy el director del hospital Ramón de Lara, y sin mi autorización no sale nadie de aquí”. OK la autoridad. Luego de esa “gentil” aclaratoria lo único que hay que decidir es quien lo acompañará en la ambulancia.

Decidí ir yo, por lo nerviosa que estaba mi esposa. Camino hacia el hospital en la ambulancia, junto a una señora con fractura abierta en la pierna, dimos todos los tumbos posibles, con acelerones y frenazos, virajes bruscos, ya casi llegando mi hijo me dijo tengo náuseas (después de un golpe en la cabeza, una de las cosas que uno no quiere oír). Quise creer que se debía a lo accidentado del camino. Y llegamos al Hospital.

Cargué a Daniel y lo metí hacia la emergencia, donde conté lo sucedido y rápidamente lo revisaron y empezaron a monitorearlo. Cuando empezaron a atenderle le dije a Daniel que iría a llamar a su mamá y salí. Habrían pasado ni tres minutos –fuimos la primera ambulancia en llegar- y ya había en la entrada de la emergencia una fila de médicos esperando a los demás heridos.

Al llegar mi esposa, quien tardó en llegar porque –por error mío, no la comuniqué con mi hermano para coordinar- ya las cosas transcurrieron hacia la calma. Daniel resultó solo con heridas de abrasión al caer al piso, cuatro horas de observación –por si las moscas- y recibimos el alta.

Debo expresar mi agradecimiento, admiración por la reacción del personal de la Fuerza Aérea Dominicana. Desde los dos soldados que cargaron a Daniel (que no fueron los únicos, esos uniformados estaban por todos lados auxiliando personas), pasando por los pilotos que guardaban las aeronaves en exhibición, hasta los procedimientos que activó el Hospital... de primera. Mi aplauso para con la FAD, desde el más humilde soldado, hasta el Jefe de Estado Mayor.

En la segunda parte, voy a sacar conclusiones.

3 comments:

Anonymous said...

Mierda que suto!!! Y ud llevo carzoncillos extra?

Ana said...

Me alegra que el susto no haya pasado de ahi. Por lo que escribes, Daniel se portó mejor que tú. ;-)

Anonymous said...

Hermano, lamento mucho ese susto que pasaste, sé (porque me pasó una vez) lo difícil que es ver un hijo accidentado.

Tenía mucho que no visitaba tu página.

Desde que estoy en Twitter no he vuelto a escribir en mi blog, porque es como un blog con feedback instantáneo.
Yo soy http://www.twitter.com/drpatriot

Un abrazo!